Señor mío y Dios mío,
en ti creo, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Si no fueras Trinidad,
no habría dicho Jesús:
“Vayan y bauticen a todas las gentes
en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo”
Te he buscado según mis fuerzas.
Señor y Dios mío,
óyeme para que no sucumba al desaliento
y me canse de buscarte.
Ante tí están mi firmeza y mi debilidad:
cura ésta y conserva aquella.
Ante ti están mi ciencia y mi ignorancia:
si me abres, recibe al que entra;
si me cierras, abre al que llama.
Haz que me acuerde de ti,
te comprenda y te ame,
y aumenta mi fe hasta mi reforma completa.
(Sobre la Trinidad, XV, 28-51)